La brecha entre el Karate moderno y la defensa personal

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Todos los karatekas sabemos que nuestro arte marcial es para la defensa personal, pero realmente practicamos pensando en un conflicto en la calle?

Las clases formales de karate tienen una brecha, o mejor dicho un abismo, sobre el cual los artistas marciales debemos aprender a construir el puente que las une con un escenario real.

Si bien es cierto que el karate fue creado como un método de defensa personal, se fue refinando con otros fines (deportivos, recreativos, mantener determinada línea técnica, visión técnica personal del maestro) y reconozcámoslo: se fue ablandando. No lo digo como algo negativo, sino todo lo contrario, es beneficioso.

Recordemos que en una práctica de kumite de dojo, sin protecciones, el practicante podía perder un diente, o sufrir alguna fractura, como algo dentro de los parámetros normales. Hoy es considerado un accidente muy grave que un alumno se lesione de ese modo, y si el instructor no cuida que sus alumnos se mantengan ilesos, fácilmente los perderá.

Pero al cuidarnos tanto nos empezamos a acostumbrar a situaciones ideales: protecciones, técnicas predefinidas, un entorno sin elementos que nos lastimen, el respeto mutuo por las reglas. Aún si los participantes exclaman que quieren hacer un combate sin reglas, no verás jamás un golpe de nukite a los ojos del contrincante, una patada a la cara, golpes a los genitales, mordidas o que alguno de los dos improvise un arma con cualquier elemento y lo utilice.

Siempre se saca del medio la técnica extremadamente peligrosa, se tiende a lo “justo”, se evita “hacer trampa”, y todo aquello que en la calle es la Ley del Delincuente (la única regla es sobrevivir).

Nosotros siempre vamos a necesitar reglas para entrenar, aunque sean mínimas, pero las reglas están. Por eso es muy difícil considerar que un entrenamiento es 100% realista, porque en base a lo expuesto lo único 100% realista es la realidad y punto.

Pero la defensa personal no es unicamente física, tiene un componente estratégico importante, y otro aspecto psicológico – emocional muy grande.

Y estos aspectos nunca se entrenan.

Lo estratégico es materia de estudio según el nivel de violencia al que está expuesto el individuo. Podemos hablar de los mejores métodos para terminar rápido con un robo de celular en la calle, cómo realizar un escape en situaciones de robo de vehículo o como aplacar a un agresor por un malentendido cualquiera. Y se puede escalar a situaciones mas violentas: cual es el protocolo general para reaccionar en una entradera, en un secuestro, o en un intento de violación.

Pero orientar al alumno y aclimatarlo para que pueda realmente meterse en situación y accionar a pesar de lo abrumadoras que pueden resultar las emociones en ese momento, es otro cantar. Lleva tiempo, pero mas que tiempo lleva madurez y autoconocimiento.

Muchas personas no saben cómo reaccionarán ante determinada situación porque les falta experiencia y una guía apropiada. Se puede guiar al alumno a que entre mentalmente en una situación y comience a sentir la adrenalina del peligro inminente ejecutando simulacros; pero la única forma de que se desaten esos mecanismos en un 100% es viviendo la situación en la realidad… y sin importar cuantos simulacros tengamos practicados cada situación es única y cada individuo también.

La batalla psicológica del artista marcial

Hay un elemento que trabajamos mucho en Karate: el autocontrol en situaciones de stress. Esto lo podemos trasladar a otras áreas de nuestra vida y es una gran ventaja. Pero en otros aspectos debemos hacer una profunda introspección en busca de vulnerabilidades.

Nosotros estamos obligados a adoptar el precepto de Shoshin 初 心 , Mente de Principiante, y olvidar todo lo aprendido cada vez que tocamos el tema de la defensa personal.

Los artistas marciales tenemos un bagaje importante de mitos sobre la defensa personal hasta el punto en que he visto que en algunos dojos se enseñan técnicas de llaves y derribes bajo el nombre “defensas personales”.

Punto número uno: toda llave y derribe tiene su nombre técnico específico, tal como cualquier golpe, patada o bloqueo. Qué el instructor no lo sepa es otro cantar, pero si en su escuela ese nombre se ha perdido, lo puede ir a buscar al dojo de nuestros “primos” los judokas, aikidokas, o le consultamos a algún instructor de Jiujitsu.

Punto número dos: bajo ningún punto de vista les diga “defensas personales” a técnicas complejas ya que no son recomendadas para utilizar en calle debido a que la adrenalina, entre otras cosas, obstaculiza las funciones motoras finas y potencia las gruesas de ambos individuos… lo que las hace muy difícil de aplicar.

Punto número tres: intente aplicar una llave a un sujeto que está adrenalizado y cuyo único fin es dañar y huir. Complicado, no? Ninguna llave “entra” o funciona si el oponente está tan empecinado en defenderse como ud. salvo que haya una diferencia de poder físico muy grande (ej. dos contra uno, o contra alguien que pesa menos de la mitad que ud).

Punto número cuatro: en la práctica rara vez contemplamos que el oponente además de estar adrenalizado puede estar drogado (más fuerza, menos dolor) o presentar alguna capacidad física diferente que haya que la llave no “entre” (hiperlaxitud u otras).

Por lo que si bien el entrenamiento de llaves es muy solicitado y divertido, como docentes debemos aclarar en todo momento la precondición necesaria para intentar una de estas técnicas: que el oponente esté desconectado (knock out o atención desviada) y ser extremadamente cauto con la movilidad que le queda; o bien ejecutar la llave entre dos o mas personas.

Otro elemento a tener en cuenta es que es muy raro que un agresor nos aborde estando él en desventaja. Si alguien nos va a violentar, es porque previamente hizo una evaluación, aunque mas no sea inconsciente, y determinó que eramos vulnerables a su ataque. En su escenario él es fuerte, él tiene el poder, y ese poder asume muchas formas.

Sucede que el artista marcial, por ego o por ignorancia, no puede verlo y cree que puede terminar cualquier situación de dos golpes. Entonces entrena siempre de ese modo, confiando en su fuerza, en su habilidad y en lo que sus ojos pueden ver.

Pero las situaciones reales no son tan simples. Siempre hay un cómplice armado fuera de alcance, o un arma que no llegamos a ver, o nos agarraron con la guardia baja, y ahí es en donde vemos algo interesante: no estamos acostumbrados a pensarnos en desventaja.

Entrenar imaginándonos en una situación en la que no podemos hacer nada nos ayuda a aprender a observar, a esperar, a interactuar para que el otro baje la guardia y a generarnos “El Momento”. Y esto no es técnica, esto es estrategia pura, lo que mencionábamos al principio.

Equilibrio entre estudio y entrenamiento

El ser humano no tiene garras ni colmillos, no tiene una masa física imponente y su piel se lastima con facilidad. Lo único que garantizó nuestra supervivencia con el paso de los milenios es nuestra mente.

Gracias a nuestro desarrollo cerebral superior pudimos elaborar estrategias de supervivencia frente a otras especies mas grandes, mas poderosas y físicamente mas aptas para la supervivencia. ¿Por qué vamos a cambiar eso ahora?

Si pretendemos abordar la defensa personal frente a un mundo creciente en violencia, debemos hacerlo desde la inteligencia, acompañando con el correcto entrenamiento físico, y no al revés.

¿Sabía ud. que el 97% de las situaciones de violencia pueden resolverse sin mayores daños físicos con una interacción apropiada?

Como artistas marciales tenemos un reservorio técnico muy interesante, pero generalmente nos falta el conocimiento de cómo aplicarlo, cuando hacerlo y para qué.

Sobrevivir es una cuestión de quién es mas inteligente, quién es mas previsor, quién conoce mejor la situación, quién reaccionó antes.

Estudiar y practicar no son lo mismo. El estudio nos coloca sobre una situación, para poder verla íntegramente, completa, atemporal. La práctica nos coloca dentro de la situación, en donde sólo voy viendo lo que está delante de mis ojos.

Ambos aspectos deben ir juntos para garantizar el éxito.

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